La memoria, la fantasía y los recuerdos oníricos.

Las distintas clases de memoria, la fantasía y los recuerdos oníricos.

1. Introducción
La mayoría de los autores están de acuerdo en que en los sueños persisten y se hacen presentes recuerdos recientes o lejanos. Cuando se estudia la memoria y los distintos tipos que existen, se puede ver la relación entre los recuerdos y la presencia de los mismos en los sueños. La fuente de estímulos que el individuo recuerda procede del mundo externo, de los vínculos establecidos y del mundo interno. Todos estos vínculos permiten que la persona sintonice bien sus actividades para satisfacer sus necesidades en relación con las diferentes características del ambiente específico que le ha tocado vivir. El valor de los sistemas de memoria para la supervivencia es obvio y aunque el contenido de los sistemas de memoria es único para individuo, los recuerdos están organizados según un patrón regular.

El término “memoria” hace mención de alguna manera a muchas funciones mentales diferentes. En ocasiones nos referimos a la memoria como al acto de recordar. Este aspecto de la memoria es lo que se conoce como reminiscencia, que consiste en traer a la mente algún hecho aprendido con anterioridad o un suceso vivido. En otras ocasiones, el término memoria no se refiere al proceso en sí de traer un conocimiento adquirido a la mente sino más bien al conocimiento almacenado en sí. En este sentido, nos referimos a la memoria y a la parte de la mente que contiene los rastros de influencia del pasado que persisten en el presente. También el término memoria se emplea en relación al proceso de adquisición del conocimiento, es decir, el proceso de aprender y memorizar.

Cuando se estudia la memoria, a menudo se hace referencia a tres etapas del procesamiento de la misma. La adquisición de nueva información de llama codificación, retener la información se denomina almacenamiento, y traer la información al recuerdo es la recuperación. Estas diferentes etapas ofrecen una sencilla manera de presentar el tema, pero que se hace muy complejo cuando se profundiza en el mismo.

El tema se complejiza cuando se introduce el concepto de consolidación, el cual se ha hecho importante al investigar sobre el proceso de la memoria. La existencia de la consolidación de la memoria se hizo presente al estudiar la manera en que la memoria se altera luego de un daño cerebral. Luego de una lesión cerebral se da el caso de que la memoria no se vea alterada en su totalidad. Rara vez ocurre que la memoria quede destruida por completo y el paciente sufra de una amnesia total; cuando esto ocurre se piensa de inmediato en un cuadro de histeria.

La realidad parece dar cuenta de que algunos aspectos particulares de la memoria son más vulnerables que otros al daño cerebral o a alguna enfermedad, mientras que otros son casi indestructibles. Suele describirse una regla general que dice que los recuerdos más recientes son más fácilmente destruidos que los más remotos. A esta regla se la conoce como Ley Ribot en honor a Théodule Ribot, el descubridor de la misma en la década de 1880. El hecho de que los recuerdos más remotos sean más perdurables sugiere que los mismos se afianzan a lo largo del tiempo. Esto es lo que se denomina consolidación.

Los recuerdos se van consolidando continuamente en los niveles más profundos del almacenamiento. De la lectura de esta clase, se consolidará un poco de material a medida que se va leyendo; durante la noche, mientras se duerme, se consolidará una buena cantidad; y en los próximos días, semanas, meses y años el proceso de consolidación continuará. El sueño ocupa un lugar importante en el proceso de consolidación, codificación, almacenamiento y recuperación de la memoria.

Estos procesos que ocurren en la memoria, se complejiza más aún por el hecho de que al almacenamiento se lo divide en dos componentes: uno a corto plazo y otro a largo plazo. En el lenguaje técnico, la memoria a corto plazo se refiere a la memoria que está siendo conciente en este momento, procedente de hechos ocurridos apenas unos segundos antes. La confusión de los términos hace que se haya reemplazado por el de memoria inmediata o memoria funcional.

La memoria inmediata o funcional se refiere a los recuerdos de sucesos o hechos que están en la mente conciente en este mismo momento. Pueden estar en la misma porque acaban de suceder, o de ser aprendidos o experimentados en este momento, o son retenidos activamente porque se los quiere retener en la mente, o son traídos a la conciencia desde la memoria a largo plazo. Algunos autores utilizan el término memoria inmediata al aspecto pasivo (perceptivo) de la memoria a corto plazo y memoria funcional para el aspecto activo (operación cognoscitiva). En resumen, estos dos términos se refieren al contenido actual de la conciencia generado desde la percepción exterior y del interior respectivamente.

Los contenidos de la conciencia permanecen en la conciencia en lo que se conoce como amortiguador, en donde pueden ser preservados mediante la reiteración continua. A medida que leemos esta clase, la información se conserva en el amortiguador de la memoria a corto plazo. A medida que seguimos leyendo, necesitamos codificar más información y la información debe ser transferida fuera del amortiguador de la memoria a corto plazo para poder dar paso a nueva información. La capacidad máxima de información que tiene el amortiguador de la memoria a corto plazo es de alrededor de siete unidades de información. Es por ello que los números de teléfono tienen siete dígitos, ya que ello permite que puedan ser mantenidos dentro de la conciencia.

Ahora nos preguntamos qué pasa con la información que sale del amortiguador de la memoria a corto plazo. No es posible codificar y almacenar todo lo que se experimenta. Jorge Luis Borges (1944) escribió una ficción llamada Funes el memorioso, en el cual el protagonista, codificaba, almacenaba y recordaba, absolutamente todas sus experiencias. Los mismos mecanismos de atención hacen que se excluya mucha de la información en la etapa perceptiva. El mecanismo de consolidación continúa este proceso de selección dentro de los propios sistemas de almacenamiento de la memoria. Por lo tanto, la consolidación no es sólo afianzar lo que se guarda en la memoria sino que también es deshacerse de los recuerdos que no se quieren conservar.

Aquí nos introducimos en una distinción importante como es el olvido pasivo y el activo (deterioro del rastro frente a represión). Muchos neurocientíficos sostienen que la función del sueño está muy ligada al proceso de consolidación de la memoria mientras que otros sostienen que los sueños son los cestos de basura de la memoria, destinados a ser olvidados (Solms, M.; Turnbull, 2007). Las células implicadas en estos procesos parecen tener circuitos temporales y reverberantes, lo que provoca un efecto trófico en las células involucradas que hace producir una mayor densidad en el tejido neuronal. Este efecto trófico depende de las actividades y continúa durante toda la vida. Cuanto más se utilizan los circuitos, más capacidad de almacenamiento tienen. El axioma médico que dice “la función hace al órgano” se cumple también en esta actividad.

El efecto contrario también puede aplicarse en estos procesos. Si los circuitos caen en desuso, si las sinapsis no están activas, las células se atrofian. La regla que dice “lo que no se usa, se daña” desempeña un papel muy importante en el desarrollo de la mente.

Al nacer, se tienen millones de sinapsis disponibles para ser utilizadas y las mismas se activan en el vínculo con el ambiente externo e interno. Las conexiones que no se utilizan caen en desuso. La vida adulta hace que muchas de las conexiones de la infancia no se usen, lo que explicaría la amnesia infantil. Algunos postulan que la amnesia infantil es debida no a un acto de represión psicoanalítica sino se debe a que las conexiones infantiles caen en desuso y se atrofian.

Sin embargo, es necesario tener presente que existe una forma de recordar conciente y otra forma inconsciente. Ambas son radicalmente diferentes. La activación del rastro de un recuerdo no es sinónimo de recuerdo conciente. Los sucesos de la temprana infancia no necesariamente se recuperan concientemente, pero ello no implica que los mismos no sirvan como plantillas a cuyo alrededor se organizan los recuerdos. Estos circuitos tempranos, profundamente consolidados, con activados con regularidad, aun cuando los eventos de los cuales formas parte, no sean recordados de manera conciente.


2. Memoria Implícita y Explícita
Estos procesos inconscientes de la memoria son tratados por la neurociencia contemporánea. La memoria a largo plazo puede ser activada sin que exista una reminiscencia conciente. Este tipo de proceso se lo conoce con el nombre de memoria implícita. Cuando la memoria a largo plazo es activada y recordada concientemente y queda disponible en el amortiguador temporal de la memoria, decimos que se trata de la memoria explícita.

La razón por la cual los recuerdos de la memoria a largo plazo son tan duraderos es que por lo general quedan codificados en varios lugares; en cierta manera esos recuerdos están por todas partes del cerebro. Los recuerdos implican conexiones entre enormes conjuntos de neuronas y es posible remover una u otra pieza, pero es imposible deshacerse de la totalidad. Es imposible borrar toda una red. Otra razón por la cual la memoria a largo plazo es tan fuerte es que los recuerdos están codificados en más de una manera. No existe un solo archivo de la memoria, de manera que si un archivo se pierde, el contenido del mismo puede estar almacenado en otro o en otros archivos y de diferentes maneras.


Se han descrito una serie de “archivos” de la memoria y existe controversia acerca de si los mismos representan categorías totalmente independientes, pero es muy usado y es posible que resulte útil su conocimiento.


3. Memoria semántica
La memoria semántica es una “red de asociaciones y conceptos que sostienen nuestro conocimiento básico del mundo, significados de palabras, categorías, datos y proposiciones, y cosas similares” (Schacter, 1996). En este “archivo”, se almacena la información enciclopédicamente, como si fuera en tercera persona. Comprende información objetiva del mundo y sus operaciones, como por ejemplo “los gatos tienen cuatro patas” o “Madrid es la capital de España”. Es una información objetiva y en ella no hay experiencias personales. Contiene información compartida con otros miembros, en especial con nuestros pares o con los que frecuentemente convivimos. También “guarda” información personal “objetiva”, como por ejemplo “nací el 22 de noviembre” o “vivo en Santiago de Compostela”. Gran parte de la memoria semántica se adquiere durante la enseñanza del colegio primario o aún más temprano. Muchas veces no nos damos cuenta de que estos datos de la memoria semántica debieron ser aprendidos en algún momento.

Cuando se cae un vaso, extendemos la mano y el brazo para detener su caída. Este tipo de información está en la denominada memoria procesal, de la que hablaremos más adelante. Pero sabemos que si el vaso se cae, se rompe, ya que hemos aprendido sobre la fragilidad del cristal. Esto queda codificado en la memoria semántica.

Gran parte de lo percibimos lo damos por sentado porque, en realidad, es lo que hemos aprendido sobre el mundo, cómo lo recordamos. Durante el neurodesarrollo, es posible “diseñar” a un gato para que no pueda ver las líneas horizontales privándolo de este tipo de experiencias en periodos cruciales del desarrollo. La corteza visual de estos gatos se desarrolla de forma tal que carece de la información horizontal. El gato ya maduro no puede reconocer una barra horizontal que se le coloque delante de su trayectoria, se comporta como si la misma no existiese y tropezará con la misma. Esto, que es interpretado como una falla de la percepción, en realidad se trata de un fallo de la memoria. En el idioma japonés no existe diferencia entre la “r” y la “l” y durante su aprendizaje de la lengua no tuvieron que hacer esta distinción. Cuando tienen que vivir en un ambiente donde esta distinción existe, se comportan como si no percibiesen esta diferencia.

Los adultos no experimentamos al mundo cada día como nuevo sino que todo el tiempo proyectamos nuestras expectativas, producto de experiencias previas, en el mundo. De esta manera, construimos en lugar de percibir el mundo que nos rodea. Vemos, por lo tanto, lo que esperamos ver y nos sorprendemos o bien dejamos de percibir cuando las expectativas se contradicen. La existencia del denominado “punto ciego” da cuenta de esto. En la retina, el llamado punto ciego corresponde al lugar donde se encuentra el nervio óptico. Si cerramos un ojo tenemos un punto ciego con el ojo abierto y este vacío es llenado con textura, color, movimiento y demás propiedades que se ajustan a lo que esperamos experimentar en esa parte del campo visual según las circunstancias vividas.

Los psicoterapeutas están acostumbrados a trabajar con estos puntos ciegos de sus pacientes, que hacen que aparezca fenómenos como la repetición o fenómenos como los que aparecen en la transferencia.


4. Memoria Procesal
La memoria procesal es la memoria para las destrezas motoras habituales, las destrezas perceptomotoras o ideomotoras. Es la destreza que nos permite tener la memoria de cómo caminar, cómo andar en bicicleta o cómo aprender a tocar un instrumento. Son destrezas que son difíciles de aprender y difíciles de olvidar. Existe un grado de superposición entre la memoria semántica y la memoria procesal. Muchas de las destrezas ideomotoras están archivadas tanto en la memoria semántica cómo en la memoria procesal. Una manera útil de distinguir estas cosas, es pensar la diferencia que existe entre la destreza concreta al jugar el golf y el conocimiento abstracto que tenemos de las reglas de juego.


4. 1. La memoria procesal y el inconsciente
Un aspecto importante de la memoria procesal es que funciona implícitamente. El comportamiento habitual es ejecutado de manera automática (inconscientemente). Un pianista virtuoso ejecuta gran parte de la partitura de manera implícita, automáticamente, luego de haber ejecutado durante mucho tiempo, escalas, acordes, arpegios, etc. Tan pronto como un comportamiento o recuerdo procesal se vuelve explícito, se convierte en algo diferente. Muchos deportistas conocen este aspecto y cuando están compitiendo y piensan los movimientos que tienen que hacer para ejecutar una función, la misma se resiente. Los mejores resultados de los deportistas se obtienen cuando no piensan para nada cómo tienen que hacer para ejecutar tal jugada, sino que el balón, la raqueta, o el palo de golf, parecen ser una continuación del propio cuerpo.

Como conclusión de todo esto, vemos que gran cantidad del comportamiento de una persona está fuertemente determinado por influencias y eventos de los cuales no tiene absoluta conciencia. El conocimiento de estos fenómenos resulta útil para los psicoterapeutas y agrega otra dimensión a los sucesos que ocurren en la transferencia. La transferencia también comprende aspectos de la memoria procesal y muchos de los recuerdos “corporales”, se expresan de esta manera. Los sueños también tienen una especie de molde donde aparecen de forma repetida figuras, escenarios, argumentos, etc.

Durante la psicoterapia nos encontramos en muchas ocasiones con recuerdos que son recuperados durante el proceso psicoterapéutico. Cuando decimos “yo recuerdo”, estamos hablando de un recuerdo episódico. La memoria episódica nos permite recordar, de manera explícita, incidentes personales que definen nuestra experiencia vital. Estos recuerdos son intrínsicamente, concientes y subjetivos. Sin embargo, parece que nos encontramos ante el hecho de que los recuerdos recuperados serían en efecto recuerdos reconstruidos, es decir que estarían hechos de materia prima que no era –en sí misma episódica. En la película Los sueños de Akira Kurosawa (1990), puede verse este fenómeno cinematográficamente. Cada uno de los ocho sueños que consta la película comienzan con la frase: Este sueño ya lo he vivido. En los sueños-recuerdos de Akira Kurosawa están presentes hechos de vida.

Las experiencias no son simples huellas de estímulos pasados, de alguna manera hay que vivirlas. El revivir un suceso en la transferencia es lo que hace del mismo, necesariamente conciente

Parece que desde las neurociencias, se ha redescubierto, el hecho obvio de que lo que sentimos acerca de nuestras experiencias es lo que las hace susceptibles de “represión”. Aunque podamos tener un registro semántico, perceptivo, o procesar perfectamente bien un suceso, las múltiples huellas esteroceptivas de ese suceso tienen que ser llevadas a una conexión concurrente con, y con un Yo que siente y es sensible, para que el evento sea revivido en forma conciente. Cualquier cosa que impida estas conexiones puede desterrar un recuerdo de la conciencia expandida.

Cuando hablamos de recuerdos inconscientes de eventos personales, los psicoterapeutas nos referimos a lo que serían recuerdos guardados de tales acontecimientos, como si los mismos pudieran vivirse de nuevo. Estos recuerdos no “existen” hasta que no son reactivados por el Yo actual en la transferencia y sólo existen en forma de huellas procesales y semánticas (hábitos o creencias).

El hecho de que no se pueda recordar algo de manera explícita no significa que no se sepa (inconsciente, implícitamente) que ocurrió ni que uno no actúe con base a este conocimiento. Nuestros recuerdos, concientes o inconscientes, sólo dependen de qué sistemas de memoria intervienen durante la codificación y recuperación de dichos recuerdos. Cuando el sistema de la memoria episódica está involucrado en la codificación de una experiencia, podemos recordarla explícitamente. Si este sistema no participa, el suceso desaparecerá de la conciencia, aunque sus efectos implícitos en el comportamiento y en las creencias muy bien pueden perdurar.

Todo esto sugiere la presencia a niveles de la mente de procesos como los descritos como represión por el psicoanálisis. En los últimos años las neurociencias han dado luz sobre episodios estresantes, cuya importancia para los psicoterapeutas es más que evidente.
Los estudios realizados sobre el hipocampo y la acción de los glucocorticoides en situaciones estresantes en el mismo, sugieren que su disfunción podría ser un componente importante en la represión de sucesos, que no están luego disponibles para la conciencia. Estos episodios no están disponibles para la conciencia debido a la disfunción del hipotálamo durante el mismo momento traumático (Solms, M. ; Trunbull, O. 2007)

Esto también ha sido aplicado para explicar la amnesia infantil ya que el hipocampo no es totalmente funcional durante los primeros años de vida. Esto no quiere decir que los recuerdos de esos primeros años carezcan de importancia o que se carezca de recuerdos. Implica que esos episodios infantiles se transforman en conocimiento procesal y semántico, en lugar de recuerdos explícitos, episódicos. El conocimientos de esos años se almacena en la “memoria corporal” y en conocimientos implícitos de cómo funciona el mundo.

Todo esto tiene su importancia cuando se recuperan recuerdos reprimidos e infantiles. Parece probable considerar que esos episodios no pueden ser recuperarse en un sentido verídico. Las experiencias tempranas pueden ser recuperadas o reconstruidas, por medio de inferencias provenientes de la evidencia semántica y procesal implícita. Lo mismo sucede con los recuerdos traumáticos o reprimidos.

La fabulación o la confabulación que existe en algunas patologías como el Korsacoff, provocada por la falta de tiamina, pone en evidencia que los falsos recuerdos no surgen de la nada. Más bien se trata de recuerdos mezclados de manera inapropiada. En estas patologías pueden tenerse recuerdos de hace muchos años y recordarlos como si fueran del día de ayer.

La fantasía es un elemento que permite hacer uso de muchos recuerdos, procesarlos de manera personal y de acuerdo a las propias necesidades. Hemos visto que el hipocampo tiene una participación muy activa en la codificación de recuerdos episódicos, y cuando el mismo se daña, los recuerdos episódicos literalmente desaparecen como tales. Sin embargo, cuando las estructuras diencefálicas y frontales ventromediales que soportan la recuperación de la memoria episódica se dañan, los recuerdos no desaparecen, sólo pierden su organización verídica y racional. Es la que permite actuar según el principio de realidad y el proceso secundario.

Todo esto sugiere que los recuerdos a largo plazo son organizados e interconectados de manera inconsciente y recuperados de manera conciente de manera muy diferente. Los vínculos asociativos que se forman entre ellos pueden ser muy diferentes de lo que nos imaginamos desde el punto de vista de un Yo saludable y reflexivo. Existen diferencias entre el recordar concientemente y la manera en que la información se almacena y organiza inconscientemente. Este tipo de memoria inconsciente está activa todo el tiempo y se hace presente por medio del comportamiento, los actos fallidos, el chiste y los sueños.

En muchas ocasiones, en los adultos, y sobre todo, en los niños, los sueños, las experiencias reales y los pensamientos del día se confunden entre sí. Los efectos implícitos que las asociaciones de la memoria inconsciente ejercen sobre la cognición y el comportamiento diario pueden ser inesperados desde el punto de vista de un Yo conciente. Las huellas de la memoria pueden ser activadas de manera inconsciente todo el tiempo, no es necesario recuperar un recuerdo en forma explícita para que éste se active e influya tanto en nuestros pensamientos como en nuestros actos.

Sabemos que la corteza frontal es crucial para la recuperación de la memoria de una manera realista, racional y ordenada. La corteza frontal, igual que ocurre con el hipocampo, está poco desarrollada en los dos primeros años de vida. Hay un crecimiento notable alrededor de los dos años y luego una nueva expansión a los cinco, y el volumen cortical continúa expandiéndose a lo largo de la adolescencia. En los primeros años de vida, el niño no dispone de una unidad de programación, regulación y verificación de actividades, que procura el nivel de organización del sistema frontal. La manera de recordar, orientada hacia un objetivo, racional, realista, selectiva y con secuencia cronológica, no es una característica de los primeros años de vida. Lo niños tienen muchos recuerdos, pero en su organización se comportan de manera muy similar a cómo lo hacen los pacientes con Síndrome de Korsakoff.

Todos estos hechos, tanto como los que pertenecen a la maduración del hipocampo, tienen una implicancia en lo que conocemos como amnesia infantil o represión primaria. Lo que Freud designo con el término de represión primaria tiene mucho que ver con la maduración normal del lóbulo frontal.



Bibliografía

Borges, J.L. (1944) Funes el memorioso. Obras Completas I. Barcelona: Emece, 1989, pp. 485-490.
Solms, M.; Turnbull, O, (2007). El cerebro y el mundo interior. Colombia: Fondo de Cultura.
Schacter,D.(1996) Searching for Memory the brain, tne mind, and the past. New York: Basic Books, 1996

Filmografía
Kurosawa, A. (1990), Los sueños de Akira Kurosawa.

Eugenio Cornide Cheda

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